Ha dimitido de su cargo el hasta ahora alcalde de Alija del Infantado, mi amigo y antiguo profesor José Antonio Prieto. Por eso, y porque soy de Coomonte, (pueblo vecino a Alija, aunque ya en Zamora), creo oportuna una carta de agradecimiento por tantos años de dedicación y dolores de cabeza, de sin sabores y de trabajo desinteresado al servicio de su pueblo, la conocida villa. Antes de Prieto, la historia y riqueza monumental, la economía local y el bienestar de los alijenses llevaban camino de confundirse con el desértico paisaje que azota a nuestro medio rural, siempre falto recursos, de cultura, de lucidez cegada por la cerrazón.

Prieto agarró el fuelle por el asa, haciendo renacer la llama de unas brasas moribundas: véase la restauración de un castillo-palacio del que apenas quedaban en pie cuatro piedras, el empedrado de calles históricas, la restauración de las dos iglesias y las dos ermitas, la resurrección del antruejo y su inclusión como fiesta de interés turístico nacional, unas vías de comunicación dignas que sustituyeron a los caminos de cabras -dizque carreteras- que hasta entonces comunicaban Alija con el resto del mundo. Cuando nadie contaba con un enlace del pueblo con la A-6, supo unir al pueblo en una serie de protestas y manifestaciones y al menos, consiguió medio enlace. Es cierto, no ha conseguido el centro médico que tanto ha pedido, pero las mejoras en materia de sanidad son patentes. Ha revitalizado la economía local, floreciendo durante su mandato negocios por doquier de todo tipo, en una zona donde sólo quedaban cuatro labriegos; ha hecho de Alija un lugar dignísimo y agradable para vivir, por ejemplo gracias a la creación de zonas recreativas y deportivas en el entorno histórico de Ozaniego, y tanto es así que se convirtió en ejemplo para los vecinos de los municipios cercanos, llegando -como no- en esta España, la de siempre, y en este mundo rural tan cerril, tan nuestro, a despertar las envidias y los rencores de los regidores de la zona.

Era el edil perfecto. Lo único que puedo reprocharle es no haber atendido con el mismo esmero a los otros dos núcleos de población del municipio: Navianos de la Vega, y La Nora del Río. Pero para la ancestral Alixa, y para goce y disfrute de los habitantes de los pueblos colindantes, ha sido una bendición. Brindemos estas navidades por Don José Antonio Prieto. Mi amigo y profesor.

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