Por desgracia, la mayoría de los partidos que concurren a las elecciones en España son colectivistas, es decir: ponen los intereses de la colectividad por encima de los derechos del individuo. En este sentido, el ascenso de una opción netamente colectivista me lleva a hacer la siguiente reflexión: hay que desconfiar siempre de quien pone los presuntos derechos sociales y económicos por encima de los derechos civiles y políticos.
Los dictadores o autócratas más tristemente célebres de la historia, han justificado sus acciones en contra de los derechos fundamentales (que son los civiles y son individuales) amparándose en unos supuestos derechos sociales y colectivos. Así, desde la revolución de Lenin al GULAG de Stalin, el ascenso de Hitler o de Mussolini, hasta el totalitarismo Juche en Corea del Norte o las repúblicas socialistas caribeñas (como el castrismo), argumentaron sus atrocidades amparándose en los «derechos sociales», esos derechos coletivos que para ellos estaban por encima de la libertad o la vida (derechos civiles) o de la participación ciudadana (derechos políticos).
En este sentido, hay que decir que estos «salvadores» de los derechos colectivos aparecen siempre en épocas de crisis o de incertidumbre ciudadana y jugando con los miedos o la desesperación de la gente, intentan so pretexto de enseñarnos la verdadera democracia, imponernos su doctrina.
Lo dicho: desconfíen siempre de quien pospone los derechos civiles a los derechos sociales.